Fernando Castillo Contreras, la voz joven que confrontó al Congreso de Yucatán con la realidad de su generación

Fernando Castillo Contreras, docente de la Universidad Politécnica de Yucatán, da su discurso en el Congreso al recibir su premio.
Fernando Castillo Contreras

Las sesiones solemnes suelen transcurrir entre protocolo, agradecimientos y fotografías oficiales. La que celebró este miércoles la LXIV Legislatura de Yucatán en Mérida tuvo un giro inesperado cuando Fernando Castillo Contreras, galardonado con el reconocimiento al Mérito Juvenil "Efraín Calderón Lara" en la categoría académica, subió a la tribuna y convirtió su discurso de agradecimiento en un diagnóstico sin concesiones sobre la juventud mexicana.

Ante diputados veteranos y de nuevo ingreso, así como representantes de los poderes Ejecutivo, Judicial y de las fuerzas armadas, el joven académico tomó la palabra con la aprobación unánime del pleno, concedida por la presidenta de la Mesa Directiva, Naomi Peniche López.

Un académico con algo que decir

Castillo Contreras es docente de la Universidad Politécnica de Yucatán, una institución enfocada en la formación tecnológica, y forma parte de la generación que hoy se encuentra entre la preparación profesional y un mercado laboral que no siempre corresponde a sus credenciales. Esa doble posición, la de formador de jóvenes y la de joven él mismo, le otorgó una autoridad particular frente al pleno.

Como el resto de los homenajeados, comenzó agradeciendo a su familia por el respaldo que le ha permitido alcanzar sus metas. A partir de ahí, el tono cambió por completo.

"El futuro nos dejó de pertenecer"

El académico enumeró los reproches que con frecuencia se lanzan contra su generación: que no quiere trabajar, que gasta en experiencias en lugar de ahorrar, que no desea tener hijos, que avanza demasiado rápido o demasiado lento, que es inmadura. Frente a ese catálogo de juicios, planteó la pregunta que pocos formulan: qué pasó con la promesa que se le hizo a los jóvenes y por qué nadie habla de la explotación laboral que enfrentan.

Su frase central resonó en el recinto: "el futuro nos dejó de pertenecer". Castillo explicó que aquella vida sencilla que antes se daba por sentada, un trabajo estable, formar una familia, ir al cine o pasar una tarde en Progreso, se ha convertido en un conjunto de productos costosos fuera del alcance de muchos.

Las cifras detrás del malestar

El discurso no se sostuvo solo en la emoción. Castillo citó que 46% de los jóvenes de entre 20 y 29 años todavía vive con sus padres, sin una perspectiva cercana de independencia. Describió un panorama de rentas que apenas alcanzan para cuartos precarios y de jornadas de hasta 12 horas que dejan poco espacio para cualquier otra cosa.

Con franqueza poco habitual en una tribuna legislativa, habló de una crisis de salud mental generacional. Señaló que muchos jóvenes terminan refugiándose en la evasión, en los videojuegos o en la postergación constante, porque enfrentar esa realidad sin amortiguadores resulta profundamente doloroso. Aun así, subrayó, la mayoría sigue adelante, aunque sea a medio paso.

Desmontar la resignación

Lejos de quedarse en la denuncia, el galardonado apuntó hacia una idea más incómoda para el poder. Advirtió que la herramienta más eficaz de quienes concentran la riqueza es convencer a la juventud de que no existen alternativas, de que manifestarse es inútil y de que la democracia no fue pensada para ella. Esa narrativa, afirmó con firmeza, no es real.

Una democracia que exige presencia

Castillo propuso una definición de democracia que va más allá de las urnas. Para él, no se trata de votar por el candidato menos malo y luego quejarse, ni de ejercer el voto de castigo, sino de involucrarse, escuchar, participar y exigir, reconociendo la fuerza que reside en la comunidad organizada.

También admitió la contradicción de fondo. Planteó las preguntas que se hace cualquier joven que vive al día: en qué momento informarse, en qué momento participar, si primero hay que trabajar para sobrevivir. Su conclusión fue tan simple como inquietante: una sociedad cansada no tiene tiempo para exigir sus derechos, y además carga con la culpa de no hacerlo.
Fernando Castillo Contreras, docente de la Universidad Politécnica de Yucatán, da su discurso en el Congreso al recibir su premio.
Fernando Castillo Contreras

Un cierre que encendió la sala

El académico reconoció que no todos están en condiciones de reaccionar, pero insistió en que hacerlo es urgente, porque nadie sabe cuánto tiempo más se prolongará este círculo vicioso. Su invitación final fue directa y cotidiana: que cada joven, después de la jornada laboral y del descanso merecido, se dé un tiempo para ejercer su ciudadanía. La respuesta fue una ovación con aplausos y vivas del público.

El peso simbólico del reconocimiento

El discurso adquiere mayor dimensión por el nombre del galardón. Efraín Calderón Lara, "El Charras", fue un joven abogado y líder sindical asesinado en 1974 por defender a la clase trabajadora yucateca. Que un académico de 2026 utilizara la tribuna de ese reconocimiento para hablar de explotación laboral, precariedad y participación cívica le dio una coherencia histórica difícil de ignorar.

Junto a Castillo fueron distinguidos el ajedrecista Sion Radamantys Galaviz Medina en el ámbito deportivo, Santos Manuel Tuz Romero en el social, Joshua Alejandro Cepeda Rincón en innovación y emprendimiento, y el grupo folclórico Ecos del Mayab en el cultural. La misma jornada incluyó el homenaje al cirujano pediatra Arsenio Enrique Hernández Flota como Médico del Año 2026.

Sin embargo, fue la voz de Fernando Castillo Contreras la que definió la sesión. Su mensaje dejó en el Congreso una tarea pendiente: transformar el reconocimiento al talento joven en políticas concretas de vivienda, empleo digno y salud mental, para que el mérito no siga siendo un acto de resistencia.