Columna
Radamés Artiachi
Radamés Artiachi
Vázquez
Yucatán es un estado profundamente orgulloso de sus tradiciones. Nuestras fiestas patronales, vaquerías, gremios y celebraciones populares forman parte de una identidad construida durante generaciones. Son espacios de convivencia que reúnen familias y comunidades y que, en muchos municipios, representan mucho más que una celebración: son parte de su historia.
Dentro de algunas de estas festividades también encontramos las corridas de toros.
Hablar de ellas no es sencillo. Existen opiniones muy diferentes y, con frecuencia, el debate termina dividido entre quienes defienden las tradiciones y quienes exigen mayor protección para los animales.
Pero quizá no deberíamos plantearlo como una elección entre una cosa y la otra.
Podemos respetar nuestras costumbres y, al mismo tiempo, preguntarnos si algunas prácticas pueden evolucionar.
La sociedad ha cambiado. Nuestra manera de entender la relación entre los seres humanos, los animales y el medio ambiente también lo ha hecho. Hoy existe una mayor conciencia sobre el bienestar animal y sobre nuestra responsabilidad de evitar sufrimientos innecesarios.
Por eso considero que vale la pena abrir una conversación sobre el futuro de las corridas de toros en Yucatán.
No necesariamente para desaparecer nuestras fiestas tradicionales, sino para transformarlas.
La tradición no tiene que desaparecer
En muchas comunidades yucatecas, la fiesta taurina se encuentra vinculada con las celebraciones patronales y con actividades económicas que benefician temporalmente a comerciantes, vendedores, músicos, artesanos y familias.Esa realidad merece ser reconocida.
Pero reconocer la importancia cultural de una tradición no significa que cada uno de sus elementos tenga que permanecer exactamente igual para siempre.
Las tradiciones también cambian.
Lo han hecho durante generaciones porque las sociedades que las practican también cambian. Algunas costumbres se conservan, otras se adaptan y otras adquieren nuevos significados.
Entonces surge una pregunta que considero necesaria:
¿Podemos conservar la fiesta, la convivencia y la tradición taurina sin provocar sufrimiento al animal?
Pienso que esa conversación merece darse.
Una corrida diferente
Podemos imaginar espectáculos taurinos en los que el centro de atención continúe siendo la habilidad de quienes participan, la presencia y fuerza del toro, la música, la plaza y la convivencia de la comunidad, pero eliminando aquellas prácticas destinadas a herir o matar al animal como parte del espectáculo.Una alternativa podría ser avanzar hacia modalidades en las que no se utilicen instrumentos que provoquen lesiones y en las que el toro no tenga que morir para que exista una celebración.
El reto sería preservar los elementos culturales de la fiesta mientras se establecen reglas claras de bienestar animal antes, durante y después del evento.
No se trata de enfrentar a quienes disfrutan de la tauromaquia contra quienes defienden a los animales.
Se trata de encontrar puntos de encuentro.
Quienes valoran estas tradiciones podrían seguir teniendo espacios para conservarlas. Quienes defendemos una relación más respetuosa con los animales podríamos impulsar cambios que reduzcan o eliminen el sufrimiento.
Yucatán ya está discutiendo el bienestar animal
El tema tampoco es ajeno a nuestra legislación.La Ley para la Protección de la Fauna del Estado de Yucatán establece disposiciones relacionadas con la protección y el trato de los animales y contempla particularidades para actividades vinculadas con espectáculos y usos y costumbres de las comunidades. En los últimos años, además, el Congreso del Estado ha recibido diferentes iniciativas encaminadas a fortalecer la protección y el bienestar animal.
Esto demuestra que nuestra relación con los animales es un tema que continúa evolucionando.
La discusión no debería quedarse únicamente en qué está permitido y qué está prohibido. También debemos preguntarnos qué clase de relación queremos construir con los animales en las próximas generaciones.
Evolucionar también es conservar
Defender nuestras tradiciones no debería significar impedir que cambien.Al contrario.
En ocasiones, la mejor manera de conservar una tradición es permitir que evolucione.
Podemos seguir teniendo fiestas patronales. Podemos conservar nuestras vaquerías, nuestra música, nuestros gremios, nuestras plazas y la convivencia que caracteriza a tantas comunidades de Yucatán.
Podemos incluso mantener expresiones vinculadas con la cultura taurina.
Pero también podemos construir un modelo diferente, donde el entretenimiento de las personas no dependa del sufrimiento de un animal.
No necesitamos elegir entre cultura y bienestar animal.
Podemos buscar ambas cosas.
Porque respetar nuestras raíces también significa tener la capacidad de preguntarnos qué podemos hacer mejor.
Las tradiciones cuentan nuestra historia, pero las decisiones que tomemos hoy dirán mucho sobre la sociedad que queremos ser mañana.
Y quizá dentro de algunos años podamos mirar nuestras fiestas y decir que fuimos capaces de conservar aquello que nos une, mientras dejamos atrás aquello que causaba sufrimiento.
Eso no sería acabar con nuestras tradiciones.
Sería permitirles evolucionar.