Musk quería 80.000 millones de dólares para colonizar Marte, y el control total de OpenAI para conseguirlo, según declara el presidente.

Juicio de Elon Musk contra OpenAI en 2025: Greg Brockman testifica sobre la financiación de la colonización de Marte y la disputa por el control corporativo.


La ambición de Elon Musk nunca ha sido modesta. Pero las revelaciones que emergieron esta semana en un tribunal de California pintan un cuadro aún más extraordinario de lo que el magnate tecnológico exigía en los primeros días de OpenAI: nada menos que el control total de una de las organizaciones de inteligencia artificial más influyentes del mundo — y todo para financiar una ciudad en Marte.

El testimonio que lo cambia todo


Greg Brockman, presidente de OpenAI, subió al estrado este martes durante el juicio que enfrenta a Elon Musk contra la compañía que él mismo cofundó. Bajo interrogatorio del equipo legal de OpenAI, Brockman ofreció una versión de los hechos que redefine la narrativa de una disputa ya de por sí cargada de tensión, dinero e ideología.

Según Brockman, fue en 2017 cuando Musk comenzó a presionar activamente para que OpenAI transformara su estructura de organización sin fines de lucro en una empresa comercial. El argumento, en apariencia razonable, era que una organización sin fines de lucro no podía competir en la carrera armamentista del capital que exige el desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial. Sin embargo, la condición que Musk habría impuesto no era simplemente estratégica — era personal y absoluta.

Un asiento en la cima — o nada

Brockman fue claro ante el tribunal: Musk quería ser el líder de OpenAI si la empresa realizaba esa transición estructural. El único otro nombre sobre la mesa era el de Sam Altman, hoy director ejecutivo de la compañía. La elección, según Brockman, nunca fue realmente una elección — Musk quería el control, y lo quería sin condiciones.

La declaración más impactante llegó cuando Brockman describió una reunión particularmente tensa en la que Musk habría argumentado merecer una participación mayoritaria en OpenAI basándose en su trayectoria empresarial. El fundador de Tesla y SpaceX, según el testimonio, no ocultó sus intenciones: esa participación le serviría como plataforma para financiar uno de sus proyectos más ambiciosos — la construcción de una ciudad autosuficiente en Marte.

"Necesitaba $80 mil millones para construir una ciudad"


Las palabras que Brockman atribuyó a Musk en el estrado no dejaron lugar a la interpretación: "Dijo que necesitaba 80,000 millones de dólares para crear una ciudad" en Marte. Y con esa cifra sobre la mesa, añadió Brockman, Musk dejó igualmente claro que decidiría él mismo cuándo — y si — cedería alguna vez ese control total de la organización.

El dato no es menor. Ochenta mil millones de dólares representan una suma que supera el PIB de decenas de naciones. La idea de que una organización de inteligencia artificial sin fines de lucro — fundada bajo principios de seguridad y beneficio para la humanidad — se convirtiera en el vehículo financiero para la colonización interplanetaria es, cuanto menos, una revelación que reencuadra todo el conflicto legal.

De qué trata realmente este juicio

Musk demanda a OpenAI argumentando que la empresa abandonó sus principios fundacionales al evolucionar hacia un modelo comercial con fines de lucro, y que debería revertir a su estructura original como organización benéfica. Es una posición que, a la luz de los testimonios recientes, adquiere una nueva y compleja dimensión.

La ironía no pasa desapercibida: el hombre que habría exigido el control de OpenAI para financiar sus propias ambiciones comerciales interplanetarias es ahora quien demanda a la compañía por haberse vuelto demasiado comercial. El juicio, que se encuentra en su segunda semana en suelo californiano, podría determinar no solo el futuro de OpenAI, sino establecer un precedente histórico sobre cómo se gobiernan las organizaciones que desarrollan inteligencia artificial general.

El peso económico del futuro de la IA


Para contextualizar la escala del conflicto, Brockman también reveló ante el tribunal que OpenAI planea invertir 50,000 millones de dólares en recursos informáticos durante 2026. Una cifra que habla de la magnitud real de la competencia en el sector y que explica, al menos en parte, por qué la estructura corporativa de la empresa es una cuestión que va mucho más allá de lo filosófico.

Fue precisamente el lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022 el que catapultó a OpenAI al centro del debate global sobre inteligencia artificial generativa, desencadenando una oleada de inversión, competencia e interrogantes éticos que aún no encuentra respuesta definitiva. Lo que se resuelva en este tribunal resonará mucho más allá de sus paredes.

Una historia sobre poder, visión y las reglas del juego

Lo que este juicio está revelando, más allá de sus implicaciones legales, es una historia profundamente humana sobre ambición, confianza fracturada y la tensión irresuelta entre el idealismo tecnológico y la realidad del capital. Musk, Altman y Brockman compartieron una visión de futuro — pero cada uno con un mapa diferente de cómo llegar a él.

El veredicto final aún está por llegar. Pero los testimonios de esta semana ya han cambiado la forma en que el mundo entiende los orígenes de una de las compañías más poderosas de nuestra era — y las ambiciones, sin fronteras ni límites orbitales, de quienes la construyeron.